
Decidió entrar en la Facultad de
Medicina en la Universidad de Lyon, aunque no había ningún antecedente familiar
en esa disciplina. Él era aún un joven practicante de medicina cuando el
presidente francés, Marie François Sadi Carnot, fue asesinado por un anarquista italiano en
Lyon, en junio de 1894. El cuchillo del anarquista había cortado una arteria
importante, por lo que el presidente murió después de dos días de agonía sin
que los mejores cirujanos pudieran evitar el fatal desenlace. En esos tiempos,
la sutura de un vaso sanguíneo grande todavía era un tema sin solución segura.
El episodio dejó una profunda impresión en el joven Carrel, quien decidió
resolver el problema. []Él
insistía en que la vida de Carnot podría haberse salvado si los cirujanos
hubiesen sabido cómo suturar vasos, de la misma forma que se suturaban otros
tejidos. Por este motivo, a partir de entonces, sus investigaciones se
centraron fundamentalmente en la cirugía vascular.
Carrel había recibido una
educación en la fe católica, pero se alejó de ella durante su etapa de
formación universitaria, transformándose en una persona escéptica, que sólo
aceptaba aquello explicable por la razón.
Debido a sus contribuciones a las
ciencias médicas, Alexis Carrel, fue destinatario de numerosas condecoraciones
en diferentes países, y en 1912 fue galardonado con el premio Nobel de Fisiología
o Medicina.
En 1902, como médico y asistente
en el Departamento de Anatomía, Carrel publicó un trabajo en la revista
científica Lyon Medical[. .
Ese trabajo científico hizo historia, iniciando la época más destacada de su
carrera y catapultándolo a la fama una década después, como Carrel intuía que
lo haría.
Tan solo dos semanas más tarde, un
amigo le pidió que ocupara su lugar como médico a cargo de un tren que
trasladaba gente enferma a Lourdes. Él estaba interesado en acudir allí, pero
no para evaluar la realidad de los milagros. En esos momentos, él no creía en
milagros. Quería demostrar que todo aquello era una invención.
De entre los enfermos que
viajaban en el tren, el doctor fijó su atención en una joven enferma
agonizante, Marie Bailly. La joven padecía una peritonitis tuberculosa en
último estadio, una enfermedad mortal en esa época. Durante el viaje él mismo
tuvo que suministrarle morfina y creyó que la chica no llegaría a Lourdes con
vida. Acerca de la condición de Marie Bailly antes de su curación, el propio Carrel
escribió:
"Hay una paciente que está
más cerca de la muerte en este momento que cualquiera de los otros. He sido
llamado al lado de su cama numerosas veces. Esta desafortunada chica está en
las últimas etapas de una peritonitis tuberculosa. Conozco su historia. Toda su
familia murió de tuberculosis. Ella ha tenido úlceras tuberculosas, lesiones de
los pulmones, y ahora, en estos últimos meses, una peritonitis, diagnosticada
tanto por un médico general como por un cirujano reconocido de Burdeos,
Bromilloux. Su estado es muy grave, yo tuve que darle morfina en el viaje. Ella
puede morir en cualquier momento, justo debajo de mi nariz. Si un caso como el
suyo se curara sería realmente un milagro. Nunca dudaría de nuevo... Su
condición se deteriora constantemente. Si ella llegara a casa de nuevo con
vida, eso de por sí sería un milagro... Ella está condenada. La muerte está muy
cerca. Su pulso es muy rápido, de ciento cincuenta pulsaciones por minuto, e
irregulares. El corazón está apagándose..."
Al llegar a la Gruta del
Santuario, la enferma pidió que derramaran sobre su abdomen un poco de agua del
manantial. En pocos minutos el abdomen hinchado de la joven comenzó a recuperar
su estado normal. Fue examinada por varios médicos*, entre ellos Carrel. Ante
sus ojos atónitos, aquella mujer quedó curada de su enfermedad.
Carrel quedó perplejo: el
científico que regía su interior se negó a aceptar la posibilidad de un
milagro, pero su mente tampoco lograba obtener una conclusión empírica y
pragmática. La experiencia espiritual que sacudió a Carrel en los siguientes
cinco días fue descrita por él mismo en forma de novela en un manuscrito
publicado cuatro años después de su muerte, bajo el título: El viaje a Lourdes.
En este libro hay una oración a la Virgen, en la que le da las gracias por
haberle permitido presenciar aquel maravilloso milagro que le llevo del
escepticismo a la fe.
"¿Qué vas a hacer con tu
vida ahora?", le preguntó Carrel después de la curación a Marie Bailly.
"Me uniré a las Hermanas de la Caridad para pasar mi vida cuidando a los
enfermos", respondió ella. En diciembre de ese mismo año, entró en el noviciado
en París. Sin tener ninguna recaída, vivió como Hermana de la Caridad hasta
1937.
* En Lourdes existe una Oficina
Médica que rige el análisis científico de las curaciones producidas. Allí se
encuentran médicos que examinan a los enfermos antes y después de salir y
garantizan que las curaciones son instantáneas y no se deben a la ciencia. A
pesar de la imposibilidad científica de esta curación, Carrel dio testimonio de
su realidad en el libro de comprobaciones médicas en la oficina de Lourdes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario